Sincretismo cultural: ‘El tesoro de Moctezuma’

El sincretismo puede entenderse como la mezcla de elementos de distintas culturas o ideologías que al combinarse generan una nueva identidad. El personaje del Santo, el enmascarado de plata, es una muestra del sincretismo en la cultura popular mexicana del siglo XX: Ídolo de la lucha libre —que en sí ya combina deporte con espectáculo— pero también estrella de cine. En sus películas se le representa como una mezcla de espía con superhéroe, siendo sus aventuras igual de variadas, enfrentándolo a científicos locos, monstruos clásicos, bandas criminales, extraterrestres y luchadores rivales, tomando estilos del cine serie B estadounidense.


En la cinta de 1968 ‘El tesoro de Moctezuma’ —ambientada en la misma época, durante la Guerra Fría—, encontramos elementos del sincretismo cultural, político y religioso en México usados de manera libre para la trama de la historia: las piezas arqueológicas del Museo de Antropología, junto con los tesoros ocultos de la época prehispánica —aquellos que no fueron saqueados después de la Conquista como ocurrió en la realidad— están en peligro de ser robados por una banda criminal de Hong Kong, pero gracias a la INTERPOL —organización a la que México se unió oficialmente en 1955— Santo, aquí el agente especial SX1, podrá interceptar los tesoros robados enfrentándose a los ladrones en Teotihuacán, una plaza de toros, el puerto de Acapulco y finalmente viajando al Barrio Chino en San Francisco.


La resistencia psicológica y cultural del pueblo mexicano tras la Conquista, junto con la ambigüedad de los saqueos documentados promovieron durante muchos años las falsas creencias en tesoros prehispánicos escondidos que de algún modo seguían en este territorio. En la actualidad existen iniciativas sociales y políticas para repatriar piezas arqueológicas distribuidas por el mundo. La obra retoma el mito de las riquezas ocultas.

En la vida real, la identidad del Santo se debe a la elección del luchador Rodolfo Guzmán por buscar un nombre que remitiera a figuras sagradas contemporáneas, en este caso del catolicismo —religión impuesta tras la Conquista—, con la que el público de la época se pudiera identificar. Otros luchadores de la época utilizan variantes de ángel, demonio, etc. Sin intenciones irónicas, en la película este héroe católico es el encargado de recuperar los tesoros prehispánicos robados.

La zona arqueológica de Teotihuacán —Ciudad de los Dioses— declarada patrimonio de la humanidad en 1987, ha ido limitando el acceso a sus templos debido a labores de restauración y conservación, sin embargo, para esta producción, la Pirámide del Sol sirve como escenario para que Santo enfrente a los traficantes de objetos culturales y recorra el área en uno de sus tantos autos deportivos, el Jaguar E-Type roadster.

La tauromaquia como entretenimiento es otra herencia de los españoles y fue un atractivo turístico muy importante para México durante décadas, mostrado aquí como un lugar ideal para una cita con una extranjera.

El Barrio Chino en San Francisco —fundado en 1850— es una de las más grandes comunidades de migrantes chinos, en ella se llevan a cabo festividades tradicionales como la danza del dragón, símbolo de prosperidad principalmente para el año nuevo. Para beneficios de la ambientación en estudio, la misión final se desarrolla durante una de estas celebraciones.


El cine de luchadores se desarrolla entre capas de elementos culturales de la época que mezclan sus ideologías y significados en una amalgama kitsch y casi surrealista del imaginario popular. Cada cinta protagonizada por el Santo es resultado de la experimentación creativa de bajo presupuesto y mucha imaginación donde los símbolos se combinan creando su propia identidad.